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Varios estudios cient�ficos demuestran que la administraci�n de aceite de pescado mejora a los pacientes con ciertas enfermedades reum�ticas
Fecha: 16/05/2011
Autor: Sociedad Española de Reumatología
Publicado en: Sociedad Española de Reumatología
Sinopsis:
Según un estudio presentado en el XXXVII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Reumatología, la ingesta de Omega-3 mejora los recuentos articulares y la rigidez matutina.
ARTÍCULO:
Varios estudios científicos demuestran que la administración de aceite de pescado mejora a los pacientes con ciertas enfermedades reumáticas
La ingesta de aceite de pescado, rico en ácidos grasos omega 3 –unos compuestos orgánicos “esenciales” que no pueden ser sintetizados por el organismo por lo que se deben ingerir a través de la dieta- reduce la inflamación en pacientes con artritis reumatoide. En concreto, diferentes estudios han demostrado que mejora los recuentos articulares, la rigidez matutina y el uso de antiinflamatorios no esteroideos, según se ha puesto de manifiesto en el marco del XXXVII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Reumatología (SER), celebrado en Málaga.
La Dra. Mª Jesús García de Yébenes, de la Unidad de Investigación de la Sociedad Española de Reumatología, ha asegurado que “diferentes estudios aportan evidencias sobre la mejoría sintomática del aceite de pescado en la artritis reumatoide establecida, con una relación dosis-respuesta y unos efectos beneficiosos que generalmente no aparecen hasta los 2 ó 3 meses después de iniciar la toma del suplemento”.
No obstante, la mayoría de los estudios publicados sobre el efecto del aceite de pescado en la AR han sido realizados a corto plazo, generalmente entre 3-6 meses y sólo algunos durante más de 1 año, por lo que “sería necesario realizar nuevas investigaciones con un diseño adecuado para aumentar el conocimiento sobre las consecuencias beneficiosas de estos ácidos esenciales en distintos procesos patológicos”.
Potentes antiinflamatorios
Además de ser una fuente de energía, los AG ω-3 y ω-6 se incorporan a las membranas celulares donde actúan como precursores de los eicosanoides, unos compuestos que intervienen en diferentes procesos fisiológicos, como la coagulación sanguínea, la respuesta inflamatoria e inmunológica, la afinidad de receptores, la señalización celular y la expresión de genes.
Los AG ω-3 ejercen su efecto antiinflamatorio por diferentes mecanismos: disminución de la síntesis de eicosanoides proinflamatorios, producción de mediadores antiinflamatorios (resolvinas), alteración de la quimiotaxis de leucocitos, de la señalización intracelular y de los factores de transcripción y expresión genética.
En concreto, las enfermedades reumáticas en las que más se ha estudiado el posible efecto de estos compuestos han sido la artritis reumatoide y, en menor medida, el Lupus Eritematoso Sistémico (LES).
La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria crónica de carácter autoinmune caracterizada por poliartritis simétrica con inflamación de la sinovial y destrucción progresiva del cartílago y del hueso, alteración estructural, dolor y limitación funcional.
Los ácidos grasos omega 3 se incorporan a los fosfolípidos de la membrana de las células inmunológicas. “Se piensa que el cambio en la composición lipídica de la membrana tiene efectos en la función de las células inmunitarias y en el proceso inflamatorio por diferentes mecanismos: presentación del antígeno, actividad de los linfocitos T y síntesis de mediadores inflamatorios”, explica la Dra. García de Yébenes.
Alimentos y cantidades recomendadas
Como ya se ha comentado, estos ácidos grasos se denominan esenciales porque no pueden ser sintetizados por el organismo y por tanto deben ser ingeridos en la dieta. Las dietas de los países occidentales generalmente son abundantes en ácidos grasos omega 6 y pobres en omega 3. Además de en el aceite de pescado, los ω-3 se encuentran en todos los pescados, especialmente el salmón, la sardina y el bacalao, en el aceite de oliva, de lino y en las nueces. “A pesar de esta diversidad de fuentes dietéticas de ácidos grasos ω-3, para conseguir el efecto antiinflamatorio es preciso recurrir al aceite de pescado, ya que su concentración en los nutrientes vegetales es escasa”, según García de Yébenes.
En su opinión, es importante que exista un equilibrio en el consumo de ambos tipos ácidos grasos (ω-6 y ω-3), ya que un exceso de cualquiera de ellos afecta al otro, reduciendo su incorporación a los tejidos y alterando sus efectos biológicos debido a la competencia de ambas familias de AG por las mismas rutas metabólicas.
Reducción de los eventos cardiovasculares
El interés por el posible efecto cardioprotector de los omega-3 surgió en la década de los 70, tras atribuir la baja mortalidad por enfermedad cardiaca de los esquimales a un elevado consumo de AG ω-3 en su dieta, según ha explicado la Dra. García de Yébenes. En los últimos años este interés se ha visto incrementado debido a la concepción actual de la ateroesclerosis como enfermedad inflamatoria.
“El efecto protector sobre el sistema cardiovascular parece obedecer a diferentes mecanismos: antiinflamatorio, antitrombótico, antiarrítmico con estabilización de la membrana miocárdica y menor susceptilidad a arritmias ventriculares, y acción sobre los lípidos plasmáticos”. Además, los ácidos grasos omega 3 también mejoran la presión arterial, disminuyen los triglicéridos de ayuno, reducen el índice colesterol total/HDL, mejoran la distensibilidad arterial y la dilatación mediada por flujo.
Por último, García de Yébenes ha señalado que estos ácidos grasos esenciales también son importantes para el desarrollo cerebral fetal y cognoscitivo del recién nacido, y se han relacionado con efectos beneficiosos en distintas patologías como la enfermedad inflamatoria intestinal, algunos tipos de psoriasis, enfermedades alérgicas, ciertos procesos neurodegenerativos, la depresión y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.